Cementerio de Córdoba. Nuestra Señora de la Salud

Cementerio Nuestra Señora de la Salud
De solar irregular y alargado, lo rodea una tapia alta encalada, a la que se adosan “bovedillas” de hasta seis alturas, cubiertas a un agua con teja árabe, en las más altas, la cumbrera del tejado es el remate de la cerca, el frente principal es una falsa fachada enlazada a la de la iglesia. La vegetación es abundante y de porte. El acceso se realiza por una explanada con bancos de piedra y viejas Robinias, a la que abre la Iglesia, hoy sin culto, con fachada de pujos clásicos (órdenes de medias columnas y frontón) en mala fábrica y pintura costumbrista jugando ocres y blancos. Se prolonga ésta a ambos lados repitiendo los temas, ahora apilastrados y dando acceso por la derecha al cementerio por una cancela. Es interesante el conjunto de panteones centrales y buena parte del lapidario. Muy visitados son los de toreros, Lagartijo (Rafael Medina Sánchez y su madre, 1900), Manuel Rodríguez “Manolete”, Rafael Guerra “Guerrita”, Rafael González “Machaquito” y los apoderados “Camará” y “Pipo”. El repertorio formal es variado, desde templetes clásicos, cruces sobre columnas, hitos fálicos, angeles alados, capillas estilo inglés(Cabriñana 1896), etc.. La fundación es de la segunda mitad del s. XVIII, en principio perteneció a la Iglesia. El templo tenía culto y residía algún sacerdote. Hay enterramientos importantes muy tempranos como la marquesa de Conde Salazar de 1872, sin embargo los libros se perdieron. Sólo hay documentación desde 1925, que se encuentra en el cementerio de San Rafael. El Reglamento es de 1903.
Fuente: Patrimonio de Andalucía
HISTORIA
Cementerio municipal de Córdoba, se plantea en 1804 pero que debida a la regresión de la Fiebre Amarilla y los escasos medios económicos, no se empieza a construir hasta 1810. Durante la época Napoleónica se decide crear un cementerio, para finalizar con la costumbre de enterrar a los difuntos en las iglesias o sus aledaños.
El 4 de Marzo de 1809 José Bonaparte firma un decreto en Madrid, donde se ordena la edificación de este cementerio, cuyas obras comienzan en Octubre de 1810 y finalizan en Junio de 1811 y cuyo coste fue de 51223 reales.
No se consolida hasta 1833 después de realizarse diversas reformas y es a partir de este momento cuando se inician los enterramientos.
En 2009 se realizan obras para facilitar el acceso al camposanto desde otras ciudades cordobesas.
PERSONAJES ILUSTRES
– Manolete .- Torero Cordobés.
– Rafael Guerra “ Guerrita”.- Torero Cordobés.
– Rafael González Madrid “ Machaquito”.- Torero Cordobés.
– José Cruz Conde.- Militar y cargo público.
– Rafael García Lovera.- Abogado y periodista.
FOSA COMÚN
La Fosa se encuentra en el interior del Cementerio municipal de la Salud, en la parte posterior del mismo, en el patio San Plácido. La fosa tiene unas dimensione de 29m x 18 m y unos 5 m de profundidad, en concreto mediría 522 metros cuadrados. Se practicaron fusilamientos en las tapias del mismo, concretamente uno de los lados está cerca de la estación de policía y de bomberos de Córdoba. Víctimas totales inscritas 3519 de las cuales, 1685 proceden del Registro Civil de Córdoba y 2062 proceden de los Libros de los Cementerios. Del total de Víctimas inscritas se encuentran enterradas en Córdoba capital 2403, de ellos 10 victimas están registradas en los Registros Civiles de Baena, Fernán Núñez, Montilla, Montemayor y La Victoria. Centrándonos en el Cementerio de La Salud, nos encontramos que el número de víctimas enterradas es de 811 están en el cementerio de la Salud. Entre los datos recogidos en Córdoba y en otros Registros Civiles de las localidades de la provincia.
Relato Histórico
La mañana del 18, sábado, los obreros habían ido a trabajar y posteriormente pasarían a cobrar sus jornales, el gobernador seguía dando evasivas al alcalde y el coronel Cascajo no se movió de su despacho en toda la mañana esperando órdenes. A las dos y media de la tarde Queipo telefoneó a Cascajo notificando el éxito de la declaración del bando de Guerra en Sevilla, que debía proclamar igualmente y de inmediato en Córdoba. Un policía de servicio en teléfonos puso en conocimiento esto al Gobierno Civil y a la Casa del Pueblo. A las tres de la tarde Cascajo comunicó al gobernador la noticia de que Queipo se había alzado con el mando de todas las fuerzas de Andalucía y que se encargaba del Gobierno de Córdoba e iba a proclamar el estado de guerra. A esa misma hora se proclamó una huelga general revolucionaria formándose grupos en varios sectores de la ciudad.
El capitán Tarazona y los dirigentes frente populistas idearon una estratagema para simular la rendición y una vez que entró Aguilar en el Gobierno Civil lo desarmaron. El Gobernador telefoneó a Cascajo al que amenazó con la muerte de los rehenes si asaltaban de nuevo la sede, pero Cascajo ordenó al comandante Francisco de Arteaga que se hiciera cargo de la tropa y asaltara el edificio a toda costa a partir de las ocho de la tarde con una sección de mosquetones. Entre los guardias de Asalto había cundido el pánico y la defensa se abandonó enseguida. Las puertas se abrieron y la fuerza entró en el edificio. El gobernador junto a su familia fue trasladado al Hotel Simón así se reconocía los servicios prestados aquella tarde negándose a continuar la defensa.
El siguiente paso era hacerse con el resto de la ciudad. Por lo que se desplegaron baterías en distintos puntos estratégicos de la capital acompañadas todas ellas por el grupo de derechistas y falangistas. Por la noche los demás centros administrativos pasaron a poder de los rebeldes. El alcalde Sánchez Badajoz se refugió dos semanas en casa del bombero José Díaz antes de ser fusilado. Aquella noche también se apoderaron de los edificios de Correos, Telégrafos, Telefónica, etc. Las últimas acciones se llevaron a cabo contra los centros obreros, asaltándolos y quemándolos. Además de la Casa del Pueblo, el centro de la CNT y el Centro Comunista.
En Córdoba se creó el Batallón de Voluntarios o Batallón del Gran Capitán, donde se integraron los elementos más jóvenes de al gran burguesía cordobesa. Y los caballistas de la capital, capataces y aperadores de las grandes fincas, se agruparon bajo el mando del rejoneador Antonio Cañero y crearon el Escuadrón de Cañero, que actuaron en Almodóvar del Río. Desde el segundo día de la sublevación se enviaron tropas a localidades vecinas para dominar la zona, como fue el envío a Alcolea, La Carlota, Santa Cruz, Espejo, Castro del Río, Baena, Nueva Carteya, La Victoria, Cerro Muriano, Villarrubia, Pedro Abad…
La acción militar por parte del Gobierno de la provincia se inició a finales de julio, cuando el general Miaja recibió la orden de formar una importante columna y dirigirse desde Despeñaperros, sobre los objetivos de Córdoba y Sevilla.
Se puso en movimiento el día 27 de julio y el 28 llegaron a Montoro, donde estableció su cuartel general. a Córdoba llegó Joaquín Pérez Salas. La Columna de Miaja fue importante porque en torno a ella se organizaron las Milicias de Jaén y Córdoba, por lo que las órdenes de Miaja comenzaron a actuar todas las milicias de la zona.
Las fuerzas se extendieron por todo el Valle del Guadalquivir esperando el momento para lanzarse sobre Córdoba que no se produciría hasta el 20 de agosto y sería una oportunidad perdida. A finales de julio, con la llegada de tropas regulares republicanas a Córdoba, la gran preocupación de los sublevados era la defensa del puente de Alcolea, por lo que reforzaron su defensa con mercenarios marroquíes, fortificaron la línea de Las Cumbres y establecieron puestos de mando y vigilancia en cortijos próximos, mientras los comandantes Arteaga y Aguilar Galindo se turnaban en el mando.
En Córdoba se produjo una gran represión antiobrera y antirrepublicana. Puede darse por sentado que todas las fuerzas políticas, militares y económicas que formaron parte de la sublevación, se hallaban en el fondo de esta tragedia represiva que se produjo en Córdoba. El balance de la represión fue el exterminio de personalidades republicanas y del Frente Popular, así como del sector laico de la sociedad cordobesa, intelectuales liberales y de organizaciones obreras y partidos de izquierdas.
El 5 de agosto Queipo de Llano efectuó su primera visita de inspección a Córdoba. Esta visita coincide con el aumento de los fusilamientos en la capital. En los días siguientes se descubrió el escondite del alcalde socialista cordobés, Manuel Sánchez Badajoz, del diputado Doctor Romera y de varios concejales en la casa del bombero José Díaz (Huerta de los Aldabones, en el Marrubial). Estaban escondidos en una galería del pozo y en la madrugada del 5 al 6 de agosto fueron sorprendidos y detenidos, y en la madrugada del día 7 fueron fusilados.
Los fusilamientos se fueron incrementando días tras día y los familiares se enteraban cuando iban a las cárceles Relato Histórico para llevar ropa o comida. Se llevaban a cabo, principalmente, en las tapias del cementerio de La Salud, en el lugar conocido como Arroyo del Moro, así como otros lugares que rodeaban a la ciudad: orillas del Guadalquivir, en Alcolea, en la carretera de Santo Domingo, en el Cortijo del Telégrafo, en la Carrera del caballo, en las inmediaciones de la Electro Mecánica, en la Cuesta de los Visos, en la Cuesta de Rabanales (junto a la actual fábrica de Cerveza), en la carretera de Trasierra, en la Cuesta de la Lancha, en la carretera del Castillo de la Albaida, en las carreteras de Casillas o de Pedroches, en la Cuesta del Espino (carretera de Sevilla), en el lugar Los Santos Pintados, etc.
En las primeras semanas, los cadáveres quedaban expuestos al sol en los descampados, hasta que los propios familiares los encontraban y los retiraban cuando recibían la noticia en la cárcel. Así comenzaba la búsqueda por los alrededores de Córdoba y por los cementerios hasta que daban con ellos. Semanas después llevaban los cadáveres rápidamente a la fosa común. Los forenses solo se limitaban a certificar la muerte violenta de las hileras de cadáveres desconocidos que allí aparecían. Según el doctor Zurita (forense auxiliar en aquel entonces en Córdoba) la cifra media de muertos era de 30 o 40 diarios, y bastantes días pasaban de 100 y algunas noches más de 200. Se formó una partida de falangistas la brigada del amanecer que practicaban por la noche detenciones en masa. El final de estos era el fusilamiento en la mayoría de los casos.
El 13 de agosto a la 11 de la mañana fue fusilado el capitán de la Guardia de Asalto de Córdoba Manuel Tarazona Anaya, en el Cuartel del Marrubial. El 15 de agosto llegó el turno para uno de los médico y políticos más eminentes de Córdoba: el doctor Manuel Ruiz Maya (gran propagandista de las ideas republicanas y fundador de la logia Turdetania), en el descampado de la Cuesta de los Visos. La prisión Provincial, ubicada en el Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba, se hallaba abarrotada y todos los días había una renovación de presos.
El 16 de agosto tomó posesión como jefe de Orden Público, el comandante Luis Zurdo, de la Guardia Civil, hasta el 22 de septiembre del 36 en que le sustituyó Don Bruno. Este comenzó con los fusilamientos en masa que hasta entonces no se habían producido. En aquellos días superaban el centenar de ejecutados en las tapias de los cementerio. La represión iba dirigida a evitar posibles reacciones, una purga de adversario.
Los fusilamientos comenzaron el mismo 16 de agosto con el fusilamiento del librero de la calle Gondomar Rogelio Luque Díaz, este pertenecía a las tertulias literarias, participaba de las corrientes del pensamiento moderno, laico y naturista. La primera gran matanza se llevó a cabo en la madrugada del 17 de agosto con 61 anotaciones en el Registro del Cementerio. El 18 se superó el centenar de fusilados entre ellos el último presidente de la Diputación, José Guerra Lozano de Izquierda Republicana. Los fusilamientos continuaron de forma masiva, sobre todo a raíz de los bombardeos republicanos. Se fusilaba a una media de un centenar de personas por la madrugada. También se fusiló al medico Sadí de Buen Lozano, de 42 años, epidemiólogo, fundador de Centros Antipalúdicos en España y del Instituto Antipalúdico de Navalmoral de la Mata que se hallaba en Córdoba como inspector de los Hospitales de la Cruz Roja.
Un aspecto a destacar es el de los autores materiales de los fusilamientos, que eran de baja extracción social. Eran rufianes e individuos sin escrúpulos que mediante el servilismo y la adulación esperaban conseguir méritos ante las nuevas autoridades.
La operación republicana contra Córdoba el 20 de agosto, frustrada en el último momento, sigue siendo una incógnita la retirada de las tropas en el último momento. La columna de Miaja era muy importante, con un gran núcleo de fuerzas regulares, así como las milicias de Levante y las de Córdoba (Batallones Garcés y Del Terrible) atacando por la Sierra y las milicias de Jaén por la Campiña. Miaja perdió nada menos que tres semanas en la pacificación de la Sierra y esto facilitó que Queipo de Llano consolidara muchas de sus posiciones en Andalucía. Aun así Miaja podría haber entrado en Córdoba, pero su indecisión malogró esta importante oportunidad.
Un grupo importante fue el denominado Batallón Garcés, donde se encuadraron el núcleo comunista de Villanueva de Córdoba y otros pueblos de la sierra. La columna de Armentia debía avanzar hacia Córdoba y la columna del comandante José Belibrea Vera, por la margen derecha del Guadalquivir, desde Villafranca en dirección al puente Mocho. Esta fuerza atacó el día 21 y no el 20, apoyada de milicianos de Villafranca. No se logró pasar el puente y en realidad fue el único combate propiamente dicho en el ataque a la ciudad.
Por otro lado se castigaba la línea facciosa de Las Cumbres, próxima a Alcolea. Las milicias de Jaén al mando de Alejandro Peris no abrió fuego hasta el día 22 ya que estaban supeditadas al triunfo en el puente Mocho, desde los cerros Trapero y San Cristóbal, al sur del Guadalquivir.
Pero la ocasión de entrar a Córdoba se había perdido por:
– La contraorden de retirada a Torres Cabrera.
– Desconcierto tras el bombardeo de los aviones sevillanos.
– Muchos milicianos se marcharon a Espejo.
– Las restantes columnas no avanzaban hacia la capital.
En la capital aquella madrugada se fusiló en los cementerios a dos centenares de personas de Izquierdas.
A primeras horas de la mañana se bombardeó la capital, a manos de la aviación gubernamental, al mismo tiempo que salía una columna facciosa hacia Almodóvar, compuesta de voluntarios que procedieron a reforzar los accesos a Córdoba, en especial la Torre de la Calahorra y el Puente Romano en el que se colocaron barricadas, así como el sector Norte como la carretera del Muriano, multiplicando sus movimientos el batallón cívico Gran Capitán con sus dos compañías de Voluntarios.
El error de Miaja consistió en situar a casi todas las fuerzas atacantes en la campiña sin defensa natural, a merced de la aviación enemiga, así como el tener que cruzar el Río Guadalquivir, que solo tenía tres puentes y los rebeldes los tenían bien cubiertos. Se olvidaron de la sierra de Córdoba, operando desde Cerro Muriano, con pocas fuerzas muy inexpertas.
Otro elemento del que debieron sacar mejor partido fue el bombardeo gubernamental sobre la ciudad. Ya que esto aterraba a la población civil y se paralizaba por completo la vida de la población, con todo lo que ello conllevaba.
De una manera tan fortuita y sin confrontación bélica de importancia las fuerzas del Gobierno perdieron la única ocasión de entrar en Córdoba, salvo pequeñas escaramuzas en la parte de Cerro Muriano.
Varela, que estaba en Córdoba desde el 4 de agostó y tras presenciar el ataque frustrado a la misma, fijó como objetivo alejar lo más posible a las fuerzas republicanas de los alrededores de Córdoba, sobre todo deshacerse de los milicianos que se hallaban en la Sierra. Inició una campaña con tres columnas que debían converger en Cerro Muriano.
En la madrugada del 5 de septiembre salieron de Córdoba las tres columnas: una por las Ermitas, otra por la carretera de Los Pedroches y la tercera tenían una misión envolvente por la parte de Alcolea y el Guadalbarbo.
Ese día hubo un intenso fuego de artillería gubernamental con el comandante Armentia a la cabeza sobre Torres Árboles y Cerro Muriano, hasta bien entrada la noche. En la madrugada del 6 de septiembre los moros entraron al asalto en el pueblo de Cerro Muriano, a fuego y cuchillo. Varela que fue recibido en Córdoba como el libertador de la Sierra.
La columna de Córdoba hubo de fijar sus posiciones en Cerro Muriano, el cual se evacuó provisionalmente a causa de los bombardeos republicanos del día 9. A partir de entonces, igualadas las fuerzas, ambas líneas enemigas enmudecieron, hasta el primero de octubre en que se recrudecieron loas combates contra Peñarroya.
En 1942, el número de fusilamientos en Córdoba capital descendió enormemente, situándose en la cifra de 62 victimas, mientras que en 1941 los fusilados habían sido 234. La masa ingente de procesos amontonados entre 1939 y 1940 estaban ya casi liquidados en 1942. En este año y en los tres siguientes se despacharon las últimas condenas a muerte aún pendientes.
Sobre la represión en Córdoba capital, conviene aportar una serie de datos. Como en cualquier pueblo, la capital siguió soportando idéntica pesadilla de terror, si bien los fusilamientos de posguerra afectaban a procesados de la provincia, porque en la capital apenas quedaba ya nadie por fusilar después de los sangrientos tres años de guerra.
El acoso y el clima de terror se mantuvieron intensamente en los barrios obreros de Córdoba en la posguerra. La Guardia Civil, la Policía, y la Falange se encargaron de que la población continuara sojuzgada por las amenazas, la tortura, el aceite de ricino, registros, detenciones, delaciones y denuncias, persecución del estraperlo… Toda Córdoba, como cualquier pueblo, vivía en libertad vigilada.
Fosa Común